Nuevas historias, cosas grandes. Gracias 2015.

El 2015 ha sido uno de los años que mas enseñanzas me ha dejado.

Desde el primer minuto de este año mi vida dio un giro completo. Recibí una de las enseñanzas mas grandes: “Vive como si hoy fuera tu último día, porque mañana no sabemos si estaremos vivos”. Si alguien te pide un favor y puedes hacerlo, no lo hagas como un favor, hazlo como un regalo para esa persona y no esperes (jamás) que te lo regrese, si lo hace será una ganancia mayor.

Me despedí de mi compañero, mi amigo, mi cómplice, mi socio, mi confidente, sin aviso previo, solo el 1 de enero él ya no estaba mas, ni escucharía su voz nuevamente, ni tendría un whatsaap mas de él. Y hoy, aún espero que entre por mi puerta y pregunte que comeremos.

Me enfermé y valoré lo que significa estar sana, no poder salir y depender de unos medicamentos para sentirme mejor fue frustrante, pero al mismo tiempo aprendí que debo parar cuando el cuerpo lo exige.

En este año también aprendí a confiar de nuevo, a confiar en mi y en los demás, atravesé el océano y conocí una de las ciudades que tenía en mi lista de pendientes, fueron 10 días maravillosos de reencuentro conmigo misma y con lo desconocido. Me redescubrí y reencontré que era capaz de volver a confiar, aunque al final solo hubiera eso, un final.

Vino una etapa en donde tenía que decidir entre crecer profesionalmente o simplemente seguir la inercia de la vida laboral, decidir entre ser diferente o diluirme entre lo igual, decidir entre arriesgarme o dejar que el miedo me comiera; y al final decidí por apostarlo todo con el apoyo firme y perenne de mi familia, de mi jefe, de amigos, pero sobre todo con el apoyo de mi fuerza y la confianza en mi misma.

Mi propósito del 2015 fue darle prioridad a mi familia, y aunque me quedé con algunas deudas, sé que puedo ponerle una palomita a ese propósito, pasamos unas vacaciones increíbles, hice viajes relámpagos con tal de estar unas horas con mi gente, me desvelé con tal de cenar con ellos (cuando lo único que deseaba era estar en mi cama porque tenía cirugía a primera hora al día siguiente), y lo disfruté muchísimo.

También tuve un viaje cumpleañero con mis amigas, las mejores que pude haber encontrado en las épocas de inicio del internet, cuando aún había muchas dudas de este medio de comunicación, y tuvimos la fortuna de coincidir y hacer que la amistad creciera y madurara y sigamos juntas.

En los último meses de este año he estado acompañada en la distancia de una forma incondicional, con subidas y bajadas pero con una gran ilusión, y confío en que termine por ser real.

Cierro el año de nuevo con una exigencia del cuerpo por parar, por dejar de pisar el acelerador para tener tiempo de crear nuevas ideas y estrategias para tener un 2016 lleno de nuevas historias, cosas grandes.

Haciendo un resumen, debo decir que el 2015 ha sido un año de grandes enseñanzas, de despedidas, de bienvenidas, de soltar pero también de abrazar.

 

 

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Soltando emociones

Hace 5 años llegaste a mi vida de manera circunstancial, por azar empecé a trabajar en aquel lugar donde tu también trabajabas y de inmediato nos caímos bien. Fuiste de esas pocas personas que lograron conocerme de inmediato (por todos es conocido que soy muy ¿seria? y no socializo fácilmente), pero tu sonrisa hizo que mi corazón se abriera a tu amistad. La vida nos llevó por caminos distintos pero siempre estuviste allí, pendiente, no había semana que no recibiera una llamada tuya. Cuando sentí que me rompía estabas allí, con un abrazo, una llamada, una cena, una ida al cine. Hace poco más de un año me animaste a crecer profesionalmente, me convenciste que cambiar de lugar me haría bien, y siempre me tendiste tu mano. Con la confianza de que siempre tenía tu mano a mi lado, crecí. Este último año crecí bien y mucho. Y tu, siempre allí, pendiente de que no me cayera aunque tropezara. Dos veces por semana (al menos) comíamos juntos, y me hacías reír más veces. Hace pocas semanas te conté que no me sentía bien e hiciste de todo para que no fuera así. Me preguntabas que necesitaba que hicieras y yo respondí que solo estuvieras a mi lado.
Siempre quedará pendiente ese viaje a Europa y a Acapulco, quedará pendiente ese proyecto de negocio que teníamos, quedará pendiente decirte cada día lo mucho que te quiero, quedará pendiente darte abrazos cada vez que pudiera verte, quedará pendiente envejecer juntos.
Estoy enojada con la vida, contigo por irte así. Estoy tan enojada que no puedo llorar tu partida. Prometiste que el 2015 sería mucho mejor si estábamos juntos, prometiste que nos veríamos la semana entrante con la vida normal tras las vacaciones y, no, no será mejor, ni siquiera estoy segura que será normal sin ti. No será fácil seguir sin ti.
Desde que te conocí te amé y me quedo con el amor que me diste.
Camino a despedirte, hoy, apareció en el soundtrack “Magic” de Coldplay y lo único que me queda es decirte:
“And if you were to ask me
After all that we’ve been through
Still believe in magic?
Oh, yes I do!”

Coincidencias

De esas veces que siento que la vida y yo nomás no coincidimos.

Quiero una cosa, digo otra, y actúo de una tercera que no tiene nada que ver con las dos anteriores. Es, como dice mi mamá: “piden trabajo, rogándole a Dios no encontrarlo”. Pues eso, así justo me siento…en la vida.

Que si quiero descansar, pero me lleno de trabajo, que si quiero trabajo y cuando tengo quiero descansar, que si quiero correr pero prefiero quedarme a descansar, que si quiero descansar y me lleno de actividades, y así cada día, cada paso. 

“Congruencia” esa palabra tan sencilla y tan complicada. 

También está el tema de coincidencias a destiempo…de esas que suceden pero demasiado tarde, o temprano, según se vea. 

Tener la certeza de que todo tiene su tiempo, su espacio y su momento justo, a veces es cansado. 

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Cumpleaños 2013

Haz cosas distintas para obtener resultados distintos.

Siguiendo la premisa anterior fue que este año decidí pasar mi cumpleaños de forma diferente, un inicio de año particularmente distinto y así fue. El inicio de un nuevo ciclo que amenaza con ser mil veces mejor que el anterior, el pasado simplemente se queda allí, en lo que fue.
Hoy tras la pila recargada, con el tiempo que tuve para meditar, la fiesta que fue muy liberadora, el shopping que acaba con los ahorros, estoy totalmente segura que aún me queda mucho por dar, por recibir, pero sobretodo por compartir.
Agradecimientos miles a todos los que me han acompañado los últimos 37 años de vida: a mis papás por darme la vida y enseñarme cual era mi camino, a mis hermanos por estar allí siempre y, aunque no vivamos en la misma ciudad, sabemos que siempre estamos los unos para el otro, al resto de mi familia por su amor. Mil gracias a mis amigos por estar allí pendientes, por enseñarme que no es necesario hablar a diario porque cuando hay un problema hoy sé perfectamente a quien hablarle y voy a contar con su ayuda. También gracias a quienes en algún momento de la vida nos cruzamos en el camino del otro porque me han dejado una enseñanza enorme. estoy segura que sin todos esos personajes que he mencionado, simplemente no sería quien soy hoy.
Este año aprendí: que todos merecemos confiar y ser confiables, (hasta que se demuestre lo contrario), que es muy arrogante decir “lo merezco” (la vida es y ya), que todos los días son un buen día para empezar de nuevo (aún lo que ya creía empezado), que todos somos capaces de amar (pero no todos tenemos la misma definición de “amor” y ahí está el conflicto), que hay que hacer que la vida merezca la felicidad y no la pena, que el dolor no puedo evitarlo pero que sufrir lo decido yo.
Si debo resumir, lo que ha pasado los últimos 37 años y lo que ha de pasar el resto de mi vida, sólo diré al mas puro Miami style: “enjoy the life'”

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Decisiones difíciles

Mujer de 38 años, soltera y sin pareja, con alteraciones de la menstruación (mucha cantidad) que llega al consultorio para tratamiento.

Tras la historia clínica y exploración física determinamos que probablemente se trate de una miomatosis uterina, diagnóstico de confirmamos tras un ultrasonido. Se trata de un cuadro de miomatosis uterina de pequeños elementos (pero muy sintomática).

Durante la consulta, le pregunto que si tiene intenciones de ser madre, a lo que me responde que si, pero que está un poco contra el tiempo, no tiene pareja y lo ve un poco complicado por el momento.

Le comento que la miomatosis uterina tiene varias opciones terapéuticas, entre las que se encuentran el manejo hormonal, la cirugía conservadora (quitar sólo los miomas -miomectomia-) y la cirugía radical (quitar toda la matriz o útero -histerectomía-).

No queremos ser tan radicales, el útero no es tan grande, los sangrados son abundantes pero no causan anemia, y quiere ganar tiempo para ver si decide un embarazo a corto plazo.

2 meses después vuelve con un síndrome anémico que ameritó hemotransfusión y no quiere esperar mas, solicita histerectomía con la pérdida de la posibilidad de fertilidad que conlleva.

La cirugía sin complicaciones, a pesar de la dificultad técnica que conlleva operar a una paciente con obesidad. Recuperación total.

Esta historia me trae a pensar ¿cuánto tiempo podemos postergar la decisión de tener hijos las mujeres de hoy? Antes, en la época de mi mamá, era lo natural, casarse a los 20´s y en esa misma década empezar con la procreación. Hoy en día, lo normal es que a los 20´s estudies una carrera universitaria (claro, las que tenemos la fortuna de contar con los recursos mínimos para hacerlo) y a los 30´s apenas empieces a despuntar en tu trabajo.

No sólo es “desear” tener un hijo, sino que la naturaleza femenina nos pone no sólo un tome etario con respecto a la reserva ovárica, sino también el útero avisa que o te apuras o pierdes tu oportunidad.

Este tema sé que es un eterno debate. Pero ayer me sentí triste por “quitarle” la posibilidad de ser madre a una mujer por el riesgo que conllevaba seguir con tratamientos “conservadores” que podría poner en peligro su vida.

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Molesta estoy …

Había pensado en escribir sobre la pérdida de la posibilidad de ser madre a propósito de la paciente que operé hoy, pero tuve un incidente que me ha dejado intranquila.
Hace algunos meses vi a una pareja a quienes les propuse un método anticonceptivo que de acuerdo a sus antecedentes y estilo de vida parecería el mejor.
No tuvieron tolerancia al mismo, por lo que en la semana me pidieron que cambiáramos de método, para lo cual requerían de una cita. Yo avisé que no podría atenderlos en el horario que ellos requerían pero que mi socia podría ayudarlos, si es que ella estuviera libre.
Acordé con ella el día y la hora y estuvo esperando por 30 min sin que llegaran, 35 min después de la hora acordada me llaman para decir que aún tardarán 15 min más en llegar. A lo que mi compañera y socia ya no podía esperar más.
Esto causó gran malestar en los pacientes. Lo cual me deja una gran mal sabor de boca.
¿Cuantas veces he cuidado un embarazo y terminan atendiendo la resolución con otro médico sin avisarme?
¿Cuantas veces he tenido que organizar los vacaciones de acuerdo a las fechas probables de parto para poder estar atenta?
¿Cuantas veces le han llamado por teléfono a un Médico por una “urgencia” y les ha cobrado?

Esto va más allá del dinero, se trata de un asunto de que el médico también es una persona con familia, amigos, pareja, hijos, que esta mas allá del dinero.
Antes de pensar que “tengo el derecho como paciente” también piensen que les parecería que les llamen a las 11 de la noche de un sábado de descanso? Pagan por esa llamada? No verdad?
No sólo es un asunto de dinero.
Aún recuerdo que en el primer semestre todos estudiamos medicina por el bien de la humanidad, pero nunca dijimos que lo haríamos por encima de nuestro ser persona.

Hoy es siempre …

Hoy es siempre todavía. Antonio Machado.

Cita

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